Universidad, ejército y "colaboración en materia de seguridad"

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El debate alemán sobre la "militarización de la investigación y la docencia" es un fenómeno reciente que se ha avivado a partir del proceso de conversión de las fuerzas armadas federales, que pasan de ser un presunto "ejército de defensa" a uno "de intervención". No se debe subestimar esta conversión y la medida en que afecta a la población en general. Si bien el ejército de defensa, de forma deliberada, estaba hasta ahora relativamente repartido por toda la superficie del país, actualmente se están clausurando numerosas instalaciones y agrupando otras, al tiempo que se concentran en lugares escogidos determinadas capacidades militares. La prioridad ya no es mantener una presencia en todo el territorio nacional, sino la rápida capacidad de despliegue en el extranjero. Si bien se pretende reducir el número total de soldados y empleados civiles del ejército federal, al mismo tiempo se quiere aumentar el contingente de soldados disponibles para acciones internacionales. Esto sólo será posible si algunas funciones que no se cuentan entre las "competencias básicas del ejército" (así se denominan en los documentos estratégicos y dossieres de prensa del Ministerio de Defensa alemán) se transfieren a empresas privadas e instituciones civiles. Durante las dos últimas décadas ya se pudo observar esta denominada colaboración civil-militar con empresas privadas: el 75% del mantenimiento de la fuerza aérea, por ejemplo, ya se lleva a cabo por parte de firmas privadas, y para los sistemas armamentísticos de la tropa se creó expresamente una sociedad conjunta entre el Ministerio de Defensa y fabricantes de armamento, la HIL Heeresinstandsetzungslogistik GmbH, que presta servicios logísticos de mantenimiento bélico. Desde 2002, la empresa BwFuhrparkService GmbH administra el parque móvil no armado del ejército y desde 2003, la sociedad LH Bundeswehr Bekleidungsgesellschaft mbH se ocupa de todo lo relacionado con la vestimenta de los soldados. Actualmente se están privatizando otros segmentos de la logística de base y de las telecomunicaciones. Incluso el Gefechtsübungszentrum Heer (GÜZ), que es primordial para el entrenamiento final de los soldados antes de destinarlos al extranjero, está ahora en manos de un consorcio privado. En Afganistán se está llevando a cabo esta misma política de privatización sobre el terreno: desde la vigilancia de los cuarteles y la limpieza y mantenimiento de los mismos hasta la puesta a punto y la formación sobre nuevos sistemas de combate, las llevan a cabo empresas privadas.

El deber principal de un "ejército de intervención", sin embargo, no es la "acción en combate", sino una permanente "gestión de crisis". Incluso cuando no se esté librando una "verdadera" guerra en la que esté envuelta Alemania, los soldados alemanes estarán destacados en numerosos países para luchar allí contra los piratas, asumir funciones policiales, entrenar soldados o "apoyar" con "asesoría" y "protección" la creación de nuevos órganos de gobierno, con sus correspondientes aparatos de represión. Todas estas misiones se llevan a cabo de forma multilateral, es decir, conjuntamente con distintos aliados bajo el mandato de Naciones Unidas, la OTAN o la UE, y el ejército alemán a menudo sólo aporta a las mismas unos pocos soldados sin conocimientos técnicos especializados. La mayor parte de las veces no se enfrentan siquiera a un oponente organizado militarmente en el país en cuestión, sino que estas misiones se dirigen más bien a la población en general, la población civil. Por ello, los elementos militares de los distintos Estados se tienen que poder sustituir por elementos civiles con la mayor flexibilidad posible: asesores, observadores, juristas, policías, ayuda humanitaria, cooperación para el desarrollo, contratistas de obras públicas, etc. Las "asimétricas dinámicas de conflicto" también se ponen de manifiesto en el hecho de que el ejército alemán recurra cada vez más a los "medios de intervención", los mismos que utiliza la policía en los conflictos internos, que no tienen un verdadero carácter militar y que se están desarrollando en el marco de los "estudios de seguridad civil". Entre ellos se cuentan "los medios menos letales", como los lanzadores de agua o las porras, así como los aviones no tripulados de reconocimiento. Los servicios de inteligencia desempeñan un papel cada vez más importante –divididos entre "inteligencia sobre señales (SignInt)" e "inteligencia sobre personas (HumInt)"- para identificar entre la población a los "contrarios", "piratas", "terroristas" y "agitadores". Para cumplir todas estas funciones se invita igualmente a participar a organizaciones, empresas o científicos civiles.

Paralelamente al "ejército de intervención" se produce una reorientación de su estrategia de legitimación. Mientras que ante la opinión pública las intervenciones militares en el extranjero se justifican mayormente por motivos humanitarios, entre las élites, así como en los documentos estratégicos oficiales, se alegan cada vez más explícitamente los "intereses nacionales". Con el fin de conservar el apoyo público a las cada vez más frecuentes intervenciones internacionales a pesar de las flagrantes contradicciones entre las supuestas misiones humanitarias y los "intereses nacionales" (no hay más que pensar en la guerra contra los piratas en aguas de África oriental), se afanan especialmente en atraer, o al menos sensibilizar, a (futuros) "multiplicadores" o "responsables de las decisiones" hacia el discurso de la política de seguridad (centrada en los intereses nacionales). El lenguaje que utilizan para ello se puede encontrar, por ejemplo, en la "Nueva concepción de la reserva" (los soldados al servicio del Ministerio de Defensa que ya no están en activo) y en los informes de los oficiales asignados a la juventud. Estos últimos lamentaban en su informe anual de 2007 que "el estado de opinión sobre la institución 'ejército federal', así como sus deberes y obligaciones" no era satisfactorio en las universidades alemanas y el panorama de las escuelas superiores seguía constituyendo "un ámbito complicado y difícil de penetrar para los oficiales de juventud y, por tanto, un desafío para el futuro". En el informe del año 2010, la situación que describían ya les era más propicia: "Un creciente número de universidades y escuelas superiores aprecian las ventajas que les brinda la oferta especializada que aportan los oficiales de juventud", a quienes se aceptaba "en términos de igualdad con los docentes": "Se puede valorar positivamente el estado de opinión de los asistentes tras los eventos organizados por los oficiales de juventud. [...] El número de participantes universitarios en dichos eventos se podría aumentar en un 30%." Esta estrategia se dirige, además de los estudiantes de magisterio, a los de etnología, estudios de regiones del mundo, estudios árabes y africanos, así como a futuros funcionarios de la Administración y de organizaciones humanitarias, con el fin de suscitar en ellos "una mejor comprensión de la perspectiva de las fuerzas armadas". Las élites futuras no sólo tienen que estar ya habituadas a que el ejército alemán defienda con las armas los intereses nacionales en todo el mundo, sino que tienen que darle su aprobación y apoyo declarado. En este sentido citaba recientemente el periódico Süddeutsche Zeitung al ministro de Defensa, quien se lamentaba de "no ver una gran contribución intelectual de las universidades alemanas a la cuestión de la guerra y la paz: De Maizière desea respuestas a las cuestiones actuales. Por ejemplo: ¿Es lícito el uso de aviones no tripulados en combate? ¿Se puede recurrir a empresas de seguridad privadas? ¿Cómo deben responder los Estados a un ataque cibernético?" Y Michael Brzoska del Instituto de Investigación sobre la Paz y la Política de Seguridad de Hamburgo apostillaba: "En una guerra contra Irán, por ejemplo, Alemania contaría con muy pocas personas que conozcan bien las estrategias de gobierno iraníes", una afirmación que parece dar a entender que en tiempos de paz, o durante la búsqueda de una solución diplomática al conflicto atómico, estos conocimientos son más prescindibles.

Junto a estas demandas que afectan más bien a las ciencias sociales, en las escuelas superiores alemanas se llevan a cabo estudios en materia de seguridad, tras los cuales muchas veces se esconden proyectos y empresas de armamento. A menudo se trata de estudios sobre equipos de "uso dual", como aviones de reconocimiento no tripulados, tecnología de sensores, inteligencia artificial y comunicaciones cifradas. Estas actividades se fomentan mediante un programa europeo y otro nacional de investigación en seguridad. Estos programas persiguen claramente el objetivo de estimular la colaboración interdisciplinaria a escala europea y promover la creación de parques y clusters tecnológicos adscritos a universidades en los que también participen la investigación pública, las empresas privadas y las autoridades, entre ellas el ejército federal y la policía. Esta estructurada investigación, ya sea puntera o básica, no se concibe exclusivamente o de forma expresa para el desarrollo de nuevas aplicaciones militares, pero casi siempre se lleva a cabo en un marco en el que participan, a menudo con pingües beneficios, las empresas de armamento. Esto es especialmente cierto en el ámbito de la biología, cuando se trata de cuestiones de inteligencia artificial o de interfaces entre máquinas y humanos. Aquí se inscribe igualmente la investigación en medicina bélica, en cuya gestión participa directamente el Ministerio de Defensa.

Christoph Marischka

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