Los factores del radicalismo yihadista y de la violencia extremista

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Por Paul Adhoch - Trace Kenya y Dola Nicholas Oluoch – Chemchemi Ya Ukweli – escrito para http://antimili-youth.net/

Observadores de seguridad, expertos en guerra contra el terrorismo y practicantes contra la trata de personas han notado tres ingredientes muy importantes en el reclutamiento o voluntariado de hombres jóvenes para las guerras yihadistas. Esta ha sido una observación generalizada, sea la guerra en Siria, la situación con el Estado Islámico, Boko Haram en Nigeria, Al Qaeda en Afganistán o la guerra de Al-Shabaab en Somalia.

La primera observación sobre los voluntarios y repatriados es el hecho de que muchos de ellos son hombres, jóvenes y marginados sociales. Son, en su mayoría, pobres e incultos, lo que hace que se los considere marginados y, en gran medida, no aptos para el trabajo. Cuando esto es lo contrario, son con frecuencia nuevos reclutas del Islam, fácilmente influenciables e ingenuos sobre las realidades de la yihad y el martirio. Los yihadistas keniatas en Somalia, estimados en 6000 desde 2006, entran en general en las categorías arriba mencionadas, además de tener desapego local, como por ejemplo, sensación de marginalización, desempleo y lo que se ha descripto en Kenia como injusticias históricas cometidas por regímenes sucesivos contra los pueblos costeros y los musulmanes en particular.

La segunda razón ha sido la presencia de un predicador extremista. Dado que estos jóvenes son fáciles de influenciar con las ideas del martirio, son de igual manera fáciles de persuadir para que cambien de un yihadismo intelectual al radicalismo, al extremismo y, por último, a la violencia. Kenia ha tenido varios de ellos, incluidos los jeques Aboud Rogo y Mohammed “Makaburi”, los cuales resultaron muertos en circunstancias controversiales en 2014.

La tercera es la presencia de los repatriados, quienes con frecuencia muestran una nueva mentalidad, la de “es posible luchar por la yihad y volver con vida”.  La engañada juventud es así presa fácil de las historias de aventuras y del “propósito” de la lucha contra los kuffar (infieles) y los cruzados cristianos occidentales y sus simpatizantes — moldeados en la época desaparecida por las guerras sectarias—. En realidad, esto ha sido el estímulo de la violencia en Mombasa, donde algunos repatriados tomaron las mezquitas y persiguieron a los moderados imanes de estas. El Gobierno keniata pudo recuperar por la fuerza estas mezquitas en 2014 y acorraló a los jóvenes, a quienes detuvo por la violencia perpetrada. Al parecer, este modus operandi tuvo éxito en Mombasa, Nairobi y Garissa, todos condados de Kenia.

El cuarto, y quizás importante, factor ha sido la presencia de las mujeres —las mujeres, como individuos y como figura femenina, son explotadas en la radicalización—. Aunque no reconocido, los reclutas keniatas para el Al-Shabaab somalí fueron alentados a tomar las armas después de que les pagaran a sus madres. El estrecho vínculo entre madre e hijo hizo que muchos de ellos aceptaran el llamado de Al-Shabaab por miedo a las represalias contra sus madres. Muchos no pudieron tolerar semejante situación. Mientras tanto, los reclutadores y los predicadores se comportaban como “padres de familia” que llevaban una vida religiosa y santa. Así lo fue con los primeros líderes de Al-Shabaab, muchos de los cuales eran de Kenia. O se casaban rápidamente o proyectaban sus vidas maritales en el público. Actividades recientes en el conflicto sirio han mostrado el surgimiento de las mujeres, ya sea como combatientes o como esposas de combatientes. El prestigio que se les vende a los terroristas suicidas también puede funcionar con la familia de ellos, ya que ser la esposa de un mártir tiene su propia influencia.

La presencia de la mujer o de la figura de la mujer no ha sido bien estudiada en las campañas antiterroristas internacionales. Se puede señalar que, al principio, las mujeres eran usadas como terroristas suicidas, pero ha habido un cambio de rumbo perceptible, que lleva a casos más recientes de niños kamikazes, como se vio con Boko Haram en Nigeria.

Las mujeres, en especial cuando están casadas con el sospechoso de terrorismo, tienen el poder de proyectar la idea de un hombre de familia y desviar la atención del aparato de seguridad. El reciente ataque terrorista en Francia es un caso clásico de este encubrimiento. Hayat Boumeddine era la novia de Amedy Coulibaly, el hombre de 32 años que mató a un policía. Ellos aparentaban ser una pareja feliz. Muchas veces, una mujer cómplice se casa con un yihadista y el hecho de que ellos formen una pareja hace que sea más difícil detectar la intención. Ellos aparentan ser una pareja felizmente casada con el sueño de formar una familia.

Para luchar contra el radicalismo, el extremismo y la xenofobia, es necesario tener conocimiento sobre las mujeres en las vidas de los jóvenes y de las personas radicalizadas para reducir de manera apropiada el extremismo y los conflictos sectarios. Mombasa, Mandera, Wajir, Garissa, Lamu, Kilifi, Kwale, Isiolo, Nairobi y Kakamega: condados con grandes focos de radicalismo en potencia podrían elegir ser proactivos si llegaran a las mujeres —madres, hermanas, esposas y novias— para mitigar el radicalismo y el extremismo.

Foto de Jordi Bernabeu Farrús: muestra un miembro de las fuerzas de seguridad de Somalia involucrado en una operación contra los radicales en Mogadiscio.

Traductora: Mabel Pedemonte

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